Toco y me muevo
El fútbol sin balón es uno de los aspectos que más me atrae.
El espacio que se genera o se puede tapar con el movimiento es algo en lo que incidir. Con espacio, con anchura, es más sencillo darle sentido al juego. Por eso hay que exigirle al futbolista una constante visión de lo que produce su movimiento. No sólo al futbolista que trabaja defensivamante o al que tiene un rol más táctico. Si un equipo se mueve en armonía los espacios se abren y se cierran de manera premeditada y el primer beneficiado es el propio equipo. La presión, por ejemplo, es estéril si tan sólo un jugador sabe moverse. Los movimientos tienen que ser orquestrales con o sin balón. El fútbol no es un deporte estático. Cuando tengo el balón, toco y me muevo. Me muevo para dar alternativas, me muevo para ensanchar el espacio, me muevo para complicar mi marcaje.
El ser estáticos no nos lleva a ningún lugar. El movimiento por lo menos nos abre los caminos, otra cosa es saber andarlos. Yo recibo el balón, busco línea de pase y luego me muevo para crear una línea nueva de pase. Hay que memorizar el campo, hay que ser conscientes de dónde están los rivales. Hay que asumir un riesgo calculado en los movimientos.
Cuando ataco; toco y me muevo. Todo movimiento debe ser con sentido, buscando ofrecer alternativa, abriendo nuevas líneas de pase y dando salida. Cuantas más opciones de pase, menos opciones de pase aleatorio. Y para tener opciones es imprescindible el movimiento.
Por eso, toco y me muevo.

